Reportaje


Droga más barata y más pura que hace 20 años en Europa, Estados Unidos y Australia

¿Qué se esconde tras el consumo de las drogas? Elena Puerta, Miguel Ángel Pinillos y Olga Ardanaz muestran el otro lado del consumo



Según un estudio publicado en British Medical Journal en que se analizan datos del consumo y el mercado de drogas en países de Estados Unidos, Europa y Australia, la pureza de las drogas han aumentado entre 1990 y 2010, mientras descendía su precio. Los datos que aparecen en dicho estudio han sido obtenidos a partir de informaciones conseguidas por siete observatorios, dos internacionales, uno europeo, otro australiano y otros tres en Estados Unidos.

¿Qué quiere decir que la droga sea más pura? ¿Cómo afecta esto al organismo? ¿Qué mecanismos activan las sustancias estupefacientes para producir la adicción? ¿Qué es en sí la adicción?

Según la farmacología clásica se entiende por droga el medicamento en estado bruto. En 1969 la Organización Mundial de la Salud (OMS) define droga como una sustancia que introducida en un organismo vivo puede modificar una o varias de sus funciones. Es la propia OMS la que años después, en 1982 realiza una distinción dentro del campo de la droga, y define la droga de abuso como una sustancia de uso no médico con efectos psicoactivos (que actúa sobre el sistema nervioso alterando las funciones psíquicas) y que es susceptible de ser autoadministrada.

Según la doctora Elena Puerta, para que una sustancia pueda ser considerada droga ha de cumplir una serie de requisitos: introducida en un organismo vivo ha de ser capaz de alterar o modificar una o varias funciones psíquicas; induce a las personas que las toman a repetir su autoadministración al producir en el consumidor una sensación de placer; el cese del consumo de esta sustancia puede aportar un sentimiento de malestar tanto físico como psíquico; no posee indicación médica, y en el caso de no tenerla puede no utilizarse con fines médicos.

Se ha de distinguir diferentes tipos de consumo de droga, atendiendo a los efectos que esta ejerce sobre el consumidor. Por un lado se distinguiría el uso, que es un consumo sin que la sustancia produzca efectos médicos o sociales en el sujeto. También existe el hábito, relación entre el consumidor y la sustancia en que se crea una costumbre al haberse acostumbrado a los efectos de la droga. Finalmente se habría de hablar del abuso, que supone el consumo de una droga que daña o amenaza dañar la salud física, mental o el bienestar social del individuo, se trata de un uso inadecuado de la sustancia, bien por la cantidad consumida, bien por la finalidad con que se consume.

Lo que lleva a una persona a consumir una segunda vez y que puede acabar desembocando en una dependencia tiene que ver con el sistema de recompensa. Tal y como explica el doctor Miguel Ángel Pinillos, el sistema de recompensa es un sistema básico de supervivencia que existe en todos los animales. Este sistema libera al cerebro una sustancia llamada dopamina como respuesta a algunas de sus acciones, que aporta una sensación de bienestar y placer. Esta dopamina se libera al alimentarse, beber y mantener relaciones sexuales, con el fin de recordar a los animales qué han de hacer para la pervivencia de la especie. Cuando se consumen drogas, la secreción de dopamina es muchas veces mayor a la que se libera por satisfacer las necesidades básicas.

“Cuando el consumo de una sustancia es abundante y continuado, la dopamina acaba agotándose, y el consumo no es tan placentero. Es tanta la dopamina que se ha producido que ya no se produce y se ha de consumir para sobrevivir; se necesita el consumo para subsistir”, afirma Pinillos. Es la liberación de esta dopamina lo que produce placer, y es el placer lo que poco a poco va enganchando. El doctor Pinillos indica también que “no sólo es la droga y su consumo, sino que existe una predisposición genética a la dependencia. Si hay dos personas que hacen exactamente lo mismo, una puede engancharte y otra no. Hoy en día todos bebemos, y no todos llegamos a la dependencia”.

Cuando una persona ha desarrollado una dependencia a una droga y se interrumpe el consumo de la sustancia o de otra que pudiera funcionar como sustitutivo, el sujeto experimenta lo que se lama síndrome de abstinencia. El doctor Pinillos define este síndrome como “un bombardeo de falta de esos neurotransmisores que creaba la droga, para pedir lo que se necesita, saltan las necesidades. Lo normal es tener dolores, que se pongan los pelos de punta, sudores, dolor abdominal y lumbar. Es normal que a quienes acostumbran a tomar café, si están dos días sin hacerlo, estén de peor humor y tengan dolor abdominal, eso es el síndrome de abstinencia”.

La definición que la Organización Mundial de la Salud hizo en 1982 sobre el síndrome de abstinencia es “Síndrome caracterizado por un esquema de comportamiento en el que se establece una gran prioridad para el uso de una o varias sustancias psicoactivas determinadas, frente a otros comportamientos considerados habitualmente como más importantes”. Los estudios acerca de la adicción de las drogas, como explica la doctora Puerta, se realizan con ratas. A un ejemplar se le coloca dentro de la jaula un botón al que han de pulsar para que se les administre una dosis de sustancia. Se encuentran casos en que la rata se olvida de comer y beber, pues únicamente pulsa el botón, siendo esta su prioridad ante todo.

Según un estudio publicado por el British Medical Journal en octubre de este año, por medio de datos recabados en investigaciones en Estados Unidos, Europa y Australia, la pureza de las drogas que se consumen ha aumentado, así como su tráfico. Pinillos explica qué significa para un consumidor que las drogas sean más puras “Normalmente cuando uno consume drogas no sabe qué dosis le están dando, cuál es el grado de pureza que está consumiendo. Esto supone un problema. Por un lado, para aquellas personas que consumen por primera vez, que la droga sea más pura hace más fácil que cree una adicción. Por otra parte, para alguien que está acostumbrado al consumo, una droga con más alto grado de pureza puede llegar a producir una intoxicación por sobredosis, pues realmente estaría consumiendo más.

El estudio anteriormente citado concluye que las campañas antidroga llevadas acabo por los gobiernos no son eficaces. El doctor Pinillos distingue en esta afirmación dos líneas. Por un lado habla de lo complicado que resulta la guerra contra las drogas, ya que actualmente existe un mercado en internet de las mismas, en que se venden sustancias camufladas como sales de baño o incienso. La estructura química de estas sustancias es alterada para que sea nueva y no esté considerada como ilegal. La policía entonces tiene que rastrear por los foros y páginas web las nuevas sustancias que entran en el mercado, aunque “normalmente la policía no actúa hasta que ha habido alguna muerte”, afirma disgustado el doctor Pinillos. Por otra parte, el doctor considera que la mejor manera de prevenir el consumo, o de que este sea responsable se encuentra en la información. “Se ha de dejar de echar la culpa a la droga, y se ha de mirar a la sociedad. La base esencial para evitar un uso impropio de estas sustancias se encuentra en la familia. En todas las casas se bebe, y el alcohol es, según científicos ingleses la peor droga. Hay que educar a la familia en un mundo en que las drogas no van a desaparecer, y hay que vivir con ellas”, asevera el doctor.

Una de las terapeutas del programa ambulatorio de Proyecto Hombre en Pamplona, Olga Ardanaz indica que “el alcohol es la primera droga que se empieza a consumir y cuando esta no satisface, se buscan otras. Las dependencias se desarrollan de acuerdo con diferentes aspectos de edad, sexo y frecuencia de consumo, pero está claro que un consumo prematuro de alcohol muchas veces acaba desarrollando una dependencia”. Tanto Pinillos cono Ardanaz coinciden en que se han de revisar las reuniones familiares y sociales en que el alcohol supone el centro de atención, pues al final siempre es un ejemplo para los niños y adolescentes presentes.

Según Ardanaz, las sustancias por las que la gente acude a Proyecto Hombre en busca de ayuda son el alcohol, la cocaína y más recientemente el cannabis. ¿Qué se encuentra tras estas drogas?

El alcohol es el responsable del 7,4% de las muertes prematuras y discapacidad en la Unión Europea. Esta sustancia en pequeñas dosis presenta beneficios, como la disminución de enfermedades cardiovasculares. Su absorción se realiza en el esófago y el intestino, y alcanza los niveles máximos de su absorción en las dos primeras horas. La velocidad de absorción depende de si hay presencia de alimentos en el cuerpo, la concentración de alcohol en la bebida ingerida, si la bebida contiene gas (de contenerlo la absorción será más rápida) diferencias genéticas y la velocidad con que se ingiere. Sus efectos son la falta de coordinación a la hora de moverse, la mala interpretación de lo captado por los sentidos, una actitud sociable, confusión, vértigos y náuseas. La dependencia de esta sustancia indica que el alcohol tiene un papel central en la vida de la persona. Durante el síndrome de abstinencia, que se inicia entre las 4 y 12 horas tras supresión de la ingesta, se experimenta ansiedad, temblor, sudores, hipertensión, náuseas, dolor de cabeza. Puede llevar también a alucinaciones visuales y auditivas. Cuando la manifestación del síndrome de abstinencia es grave se habla de Delirium tremens, que tiene un índice de mortalidad de hasta el 20% en pacientes sin tratamiento.

En el caso del cannabis, los efectos son subjetivos y dependen de la experiencia, la expectación, la compañía, situación y estado de ánimo en que se consume. Produce una sensación de euforia, relajación, bienestar y sociabilidad. Tiene también efectos alucinógenos en que la conciencia de lo que se percibe se ve alterada, volviéndose todo más interesante y fantástico. A estos efectos les sucede el abatimiento, la somnolencia y la falta de concentración. Un uso continuado de esta sustancia produce alteración de la memoria reciente y la coordinación a la hora de moverse, entorpece las tareas de aprendizaje, aumenta el apetito, produce paranoia, pánico y dificultad para concentrarse. El síndrome de abstinencia es relativamente leve, pues desaparece en la primera semana. Se caracteriza por la irritabilidad, ansiedad, trastornos del sueño, anorexia y temblor.

La cocaína produce un aumento de la presión arterial, disminuye el apetito y la fatiga, produce insomnio, temblores, sudoración y bruxismo (movimiento brusco de la mandíbula inferior en que se rechinan los dientes). Una vez se han pasado estos efectos primeros, el sujeto experimenta cansancio y craving (deseo de volver a consumir). Los efectos adversos de esta sustancia son los infartos, la respiración irregular, destrucción del tabique nasal, ansiedad, cambios de personalidad, confusión, depresión, psicosis, vómitos y diarrea. El síndrome de abstinencia que genera es más de dependencia psicológica que física; normalmente causa depresión.

Para concluir considero que es importante el recoger una idea común tanto en Pinillos como en Ardanaz. La droga es una realidad que va a estar ahí siempre, y la mejor manera de enfrentarla es con la información. La sociedad en general debe ser consciente de los efectos de su consumo, y realizar  una elección completamente libre.



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