A algunos se les ocurren las mejores ideas en
la ducha, a otros en el momento justo antes de dormir, y hay quien, como Peter
Higgs se les ocurren paseando. Lo que en
aquel paseo por los montes de Escocia se le ocurrió al físico británico fue la
teoría de la existencia de la partícula o bosón, en 1964. Escribió así dos artículos, pero no hay que pensar que
todo es coser y cantar, a este inglés nacido en Newcastle en 1929, la revista
Physics Letter le rechazó el segundo artículo sobre su teoría.
Parece mentira que en su educación secundara
en la escuela de Cotham no fuera muy dado en Física, pero está claro que el
interés es lo que hace moverse a las personas. Y quien como Higgs persigue
algo, acaba consiguiendo publicar sus artículos, ser doctor en Física, catedrático
en Matemáticas en el University London College, y de Física en la Universidad
de Edimburgo. Incluso se puede llegar a
recibir el premio Príncipe de Asturias y un Nobel, ambos premios entregados en
2013. Los dos galardones fueron entregados a Higgs, su colega François Englert
y el Laboratorio Europeo de Física de Partículas de Ginebra, “por el descubrimiento teórico de un
mecanismo que contribuye a la comprensión del origen de la masa de las
partículas subatómicas”.